4.7.08

Oh Sherry!


Sherry Palmer me flipa. El personaje de la serie 24 interpretado alucinantemente por Penny Johnson, es uno de los secundarios mejor conseguidos de la historia de la televisión. Cuando te acostumbras al ritmo y estructura de la serie ya sabes que en cualquier momento puede haber un giro inesperado (unusual twist), el golpe que te engancha y que hace de 24 una serie de acción más allá de las habituales. Y en esos momentos Sherry suele estar ahí.
En la primera temporada se presenta como el estándar de mujer de candidato a la presidencia, el bondadoso David Palmer. Amantísima madre y esposa, se va descubriendo poco a poco como una ambiciosa manipuladora en la sombra, hambrienta de poder, capaz de cualquier cosa con tal de conseguir el papel de titiritera del superhonesto presidente de los Estados Unidos. Entonces comienzas a odiarla con tanta intensidad que acabas adorándola. Evidentemente, cuando David descubre al mostruo que habita en su mujer, la destierra de su vida. A partir de ahí Sherry reaparecerá de forma estelar para salvarle algunas papeletas al ya presidente Palmer. Pero siempre tendrá alguna intención oscura en el meollo de las cuestiones. ¿Patriotismo? ¿Perversión? ¿Afán de protagonismo? ¿Adoración mariana a su marido? Nunca queda claro y eso es lo que la hace grande.
Sherry se las sabe todas y hasta lo que he visto (3ª temporada) siempre consigue superar las humillaciones con retornos gloriosos.
Si mueres, siempre esperaré tu resurrección en cualquier momento.

2.7.08

Lo que Grant legó a Robert



Cuando Grant MacLennan murió repentinamente en Mayo de 2006, The Go-Betweens dejaron de existir. Había sido la luz del grupo, las melodías más fluidas, la voz más correcta y el compositor de las canciones más optimistas y extrovertidas de cada disco. Robert Forster se complementaba de forma brillante con Grant. Representaba el lado más extravagante y oscuro, los ritmos más cortantes y rasgados, la voz más difícil e íntima. Las composiciones de cada uno de ellos tenían su aroma particular, pero unidas formaban discos perfectos, entre ellos Tallulah o 16 Lovers Lane, en los que Grant logra crear canciones pop perfectas.
Tras su parón de 11 años la calidad de las canciones que componían cada uno siguieron caminos distintos, marcados por sus carreras en solitario. Mientras que Grant seguía reproduciendo sonidos explotados, aunque con geniales arreglos, Robert se centró en su faceta brillante de cantautor,mucho más puro, consiguiendo resultados más irregulares.
Desde 1996 Robert no había publicado nada en solitario. The Evangelist es su reciente trabajo, el mejor, en el que Grant parece estar presente. Los arreglos, los coros, huelen a él. Más que un homenaje prece que Robert se ha bebido a Grant y se le nota en la piel.
Agradezco tanto talento.

1.7.08

El nacionalismo de lo cotidiano

Estoy hasta los huevos de las banderas de España, de los gritos de soy español, los oeeeeeé, etc. Ayer estuve viendo un rato el recorrido de nuestros futbolistas triunfadores y la cosa era patética como pocas cosas se han visto. Centenares de miles de personas perdiendo el tiempo para pillar un reflejo lejano de unos futbolistas que, aunque hagan bien su trabajo, ayer sólo hacían el imbécil, imbuidos del espíritu del botellón y el deber cumplido.
Con los ojos ardiendo por tanto rojo y amarillo me volví a preguntar: ¿me siento español? No sé si me siento español, sólo sé que los ingleses, marroquíes o belgas me parecen raros a veces, pero también mi vecino del quinto.
Que hay cosas que no entiendo de las costumbres de otros pero menos de algunas españolas o incluso muchas de mi ciudad, empezando por la terrible mala educación de mis conciudadanos.
Y desde luego que, aunque me haya emocionado durante un rato con todo este follón de la Eurocopa, desde diez minutos antes de que la hubiesen ganado ya quería que la hubiesen perdido.
Llámenme antipatriota, porque lo soy. No entiendo como lo que hagan once tipos vestidos con los colores más feos del mundo futbolístico, que ni se parecen a mí, ni llevan mi vida, ni se comportan como yo me comportaría, tiene que definir mi esencia ni hacerme sentir orgulloso más allá del momento hormonal. Tampoco entiendo cómo puedo compartir categoría con todos los tipos que se volvieron locos -no ya al acabar el partido, sino horas y horas después- y demostraron que cualquier excusa es buena para liberar al imbécil que llevan dentro. Yo prefiero ir sacándolo moderadamente, que esto recordaba un poco a cuando los potentados tienen licencia para emborracharse en las fiestas del pueblo sin que nadie diga nada.
No pretendo que lo que defina a los integrantes de una nación los convierta automáticamente en una comunidad donde todos compartan valores. De hecho, pretender tal cosa, darla por supuesta, es una de las cosas que más me repugna de cierta derecha política. Sin embargo, para poder compartir alguna esencia primero hace falta entender que esta exista, y además reconocerla en el compatriota. Yo me pareceré en algo a Villa, seguro, y hasta que puede que en algo a Sergio Ramos, pero también en algo a un tipo que vive en Alaska, que casi seguro que me cae mejor. Pero claro, es que yo de esencias no entiendo mucho.
Sólo pido que se olvide pronto este festival del tópico y del miasma patriótico, y que dentro de nada estemos discutiendo en las esquinas sobre las hipotecas y lo malos malísimos que son ZP y Aznar, digo Rajoy.
Mientras, voy a ver que hace mi vecino del quinto.

Rfa

Rfa, de Sindrogámico, se nos desmarca con este post, homenaje que nos pone lágrimas en los ojos:



Miguel es un tío listo, pero yo lo soy más. Si él me pide un post de promoción para no mover un dedo yo no voy a ser menos. Me meto en youtube y tiro de promociones ajenas, que tampoco me apetece pringar. Y mira tú por dónde, doy con una campaña de cuatro que me viene al pelo para describir este blog: pedazos de carne que anuncian una serie de culto. ¿Verdad que es perfecto? Tal y como yo lo veo, Carne digital es justamente eso: cultura audiovisual pasada por la trituradora del cáustico pensamiento miguelesco. Pura visceralidad acabada en "faga": cinéfaga, teléfaga o melófaga. Uno nunca sabe si lo de "digital" es porque el dedo de Miguel se mete en la llaga o porque esto va de ordenadores, pero da igual. Después de dos o tres años, Carne Digital es uno de los pocos blogs que todavía me divierten. En parte, porque creo que la cultura popular y el sentido del humor son muy saludables para la vida moderna. Y en parte, porque la mordacidad carnicera de Miguel es deliciosa. Si a eso le sumas la lúcida y documentada visión de Comepiedras, el cóctel es irresistible. Nada de escrúpulos: cuando se sienten ustedes delante del ordenador, pidan Carne Digital.

30.6.08

Me recuerdas a alguien aunque no te parezcas

EPISODIO 3: El bajo que se zampó una canción


MOSCAS El columpio asesino


IT'S MY LIFE Talk Talk

Segundo aniversario de Carne Digital

Andando expectante por los fastos del aniversario de Sindrogámico, de repente se me ocurrió pensar con terror que podría ser que de nuevo se me hubiese pasado la celebración de mi propio blog. En efecto, el 23 de junio de 2006, un servidor decidió estrenarse diciendo que los beatles son una mierda, una afirmación tan gratuita y errónea como verdadera.
Desde entonces han pasado muchas cosas, y el blog ha atravesado fases de abandono total y momentos con una cierta actividad. La decisión de comepiedras de por fin comenzar a escribir cosas aquí sirvió de acicate para que un servidor se animase también.
La celebración de los dos años será muy simple. Le he pedido a unos amiguetes y asiduos lectores de este blog que escriban algo para celebrarlo. Algo así como una jornada de puertas abiertas. Ya sé que muy poco original, pero nada mejor que unos colegas pasándose por aquí para celebrarlo.
Por otra parte, me comprometo a que esta sea la semana con más actividad de Carne digital, escribiendo, como mínimo, un post cada día. De momento ya les aviso que en breve caerá una crítica de Los cronocrímenes, una buena película, y su recepción en la blogosfera, que de tan buena ya hiede.

A ti, que eres tan imbécil

Dedicado a los centenares de imbéciles con los que tuve que lidiar ayer.


A ti, imbécil, que me adelantas por la derecha porque tu cerebro subdesarrollado te impide entender que el hueco que hay entre mi coche y el que llevo delante es la distancia de seguridad que tú no respetas porque no sabes ni qué es.
A ti, imbécil, que crees que la mejor manera de no tener que frenar es obligarme a mí a hacerlo.
A ti, imbécil, que crees que invadir mi carril mientras bajas el puerto de montaña te convierte en un as de la conducción cuando lo único que demuestra es que eres un pésimo conductor del que se reiría hasta Fisichella.
A ti, imbécil, que crees que has hecho bien una rotonda cruzando sus tres carriles sin mirar a nadie, porque es la trazada más corta hacia tu salida.
A ti, imbécil, que crees que comer pipas en el agua es una inteligente decisión.
A ti, imbécil, que crees que porque España ha ganado la Eurocopa te da derecho a comportarte abiertamente como el salvaje que eres.
A ti, imbécil, que piensas que el mejor plan para la celebración es acercarte con tu coche a ver si puedes aparcarlo en plena plaza de la Redonda: ¿No se te ha ocurrido pensar que miles de personas han tenido tu misma idea?
A ti, imbécil, que crees que porque a ti se te ponen los pelos como escarpias al oír el himno de España a mí me tiene que ocurrir lo mismo o no soy español.
A todos vosotros, imbéciles, os dedico mi domingo, que pese a vosotros, fue un gran día, y no especialmente por la victoria española.