15.5.10

¡TABicioso!

Lo último más brutalmente sensible que vieron mis ojos y escucharon mis oídos fue hace exactamente una semana, cuando una chica metida en un vestido muy Decathlon, un judío (así lo llamó la chica después y antes de cantar entre dientes) , un hombre de pantalón rojo con prolongaciones cefalópodas en forma de pedales y un tío que podía haber ido al instituto de cualquiera, empezaron a tocar. Mola haber movido el culo hacia esa sala en ese momento, porque cuando lo explique en unos años será como haber visto a Los Planetas en el primer Lemon Pop, o eso creo. Pequeñas cosas que hacen a uno sentirse prestigioso.
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