9.9.08

Lugares comunes

Ya tenemos treinta y tantos , lo que supuestamente significa que conformamos un segmento caracterizado, entre otras cosas, por ser grandes consumistas. Gracias a nuestra infancia más o menos pobretona, de dos regalos por año ( se entiende Navidad y Cumpleaños) estamos sedientos de chorradas y, por tanto, somos público objetivo prioritario de muchas campañas publicitarias.
Tiene especial mención la de Renault Megane del año pasado en el que todos flipamos cuando alguien se atrevió a cantar como Limahl una versión del Never Ending Story con un texto encajado a presión pero publicitariamente eficaz.
Sin embargo, los que se llevan la Copa de Europa son los spots de nuestra rica Coca-cola. Todo empezó con el de Coca-cola light de finales del 2006. Apelaban a la libertad de elección, muy apropiado para una generación a la que muchos de sus padres torcieron el morro por no estudiar empresariales o derecho. Además estaba acompañado por una canción de épica máxima interpretada por el australiano John Farnham. Una de esas que no habías oído desde que estaba de moda (bueno, en realidad yo sí).
Pero se nos pusieron los pelos como escarpias con el primero de los anuncios de Coca-cola llamados años 80. Todas las cosas a las que se hacían referencia suponían un sobresalto de nostalgia, perfectamente cerrado con el crescendo de Simple Minds, que si ya asocias con el final de El club de los cinco han llegado al punto G del consumista treintañero. Menos conseguida es la segunda versión, claramente modificada porque la primera no estaba nada orientada hacia las chicas. De hecho, esa pequeña carencia infundada en algunos casos, hizo que la cagaran totalmente, porque en este último spot todo se centra en el horterismo total que representaban mis adorados Nuevos Románticos. El copy se pasa de rosca con el penoso estribillo Cha-val, a salvo de un par de caídas buenas como la mama-expresión "ni consola, ni consolo" y la referencia a nuestros recopilatorios anuales favoritos.
Este verano me he topado con una pequeña joya publicitaria en la misma línea. Se trata de un folleto de un lavadero de coches llamado Sr. Miyagi. La verdad es que no lo he visitado pero ardo en deseos de saber si pueden lavarte el coche mientras hacen la grulla. Lástima que el eslógan no sea "dar tsera, pulir tsera".


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