11.12.06

El Ilusionista, o como construir un bodrio desde premisas atractivas. Con un párrafo final acerca de las escenas de cama en Hollywood

Hoy no hablaré de lo sucia que estaba uno de los nuevos megacines de la ciudad de Murcia. No hablaré de lo difícil que fue localizar la sala sin ningún tipo de señalización y situada en las más profundas entrañas del mismo. Tampoco hablaré de cómo nos tuvieron un par de minutos completamente a oscuras antes de que empezase la película. Pero quizás fuese mejor que hablase de eso porque la película fue mucho peor. El Ilusionista, escrita y dirigida por un tal Neil Burger, cuya otra obra no tengo el placer de haber visto.
Cuando uno se presenta en el cine un domingo por la tarde espera -que no desea- encontrarse con estúpidos que no tienen problemas en molestar con sus gritos a su vecino de butaca, tampoco en quedarse durmiendo y roncar. Y, desde luego, espera encontrarse con el típico imbécil al que le suena el teléfono en medio de la película y lo coje apurado diciendo a gritos con tono de reproche: "cómo se te ocurre llamarme, que estoy en el cine". Si, señor, está usted en el cine, y yo también, y mientras su interlocutor no tenga poderes sobrenaturales para saber que está usted en el cine y no llamarle, mejor apaga usted su móvil o le quita el sonido.
Lo que no espera uno al ir al cine es encontrarse con un bodrio de este calibre. Si quitamos el cine español, la mayoría de películas por las que te atreves a gastarte la pasta en verlas en la pantalla grande, aunque te puedan aburrir o no gustar, aunque puedas despreciar su argumento, etc., suelen estar realizadas con solvencia, con un argumento coherente y con cierta profesionalidad. Y esto sucede, supongo, porque el cine es muy caro, y cuando se produce una película, la productora se asegura de que el guión sea aceptable, que el director sea competente y que al menos vaya a funcionar en el mercado para el que se realiza. Una película de mala calidad puede destruir a una productora, actores, etc. Por eso no entiendo la existencia de esta película, y menos cuando la propuesta parece, a priori, interesante: Magos, conspiraciones políticas, algo de amor, Viena, Paul Giamatti... Creedme, es una auténtica basura: pesimamente dirigida, con un guión patético que alterna entre fragmentos soporíferos y el típico golpe de efecto que no sorprende a casi nadie, y un supuesto "truco" final que se huele desde el primer momento y que es descubierto en una vergonzosa copia de Sospechosos Habituales pero sin la carga dramática de aquella escena, en la que descubrimos que el verdadero mago no es el que ha hecho ese papel durante toda la película, sino aquel que descubre todo el pastel sin tener la más mínima prueba que le haga llegar a tal revelación.
Edward Norton está patético intentando parecer flemático, Jessica Biel no lo sé porque apenas hace nada en toda la película y Giamatti mola como casi siempre, aunque esta vez le han puesto un doblaje difícil de soportar. Todos ellos se dedican a pasear sus misterios y sus pesquisas a lo largo de un gran aburrimiento que resulta hasta patético por momentos. Hay secuencias en los que los artificios escénicos son demasiado visibles, donde las marcas puestas para engañar al espectador son tan evidentes que posteriormente será imposible sorprenderse. No podemos creernos que estamos ante un mago cuando todo el andamiaje de la película, toda la magia del cine está claramente expuesta en este film. No nos creemos la ilusión de estar en otro lugar viviendo algo distinto a nuestras monótonas vidas. Es como en las malas aventuras gráficas, donde el objeto con el que tenemos que interactuar destaca claramente sobre todos los demás. O en algunos episodios de CSI mal dirigidos, donde por cómo trata la cámara a determinados personajes irrelevantes sabemos que estos acabarán siendo asesinos o complices...
Y lo más curioso de todo: las ilusiones que practica el mago son cutres, muy cutres, no hay nada de belleza en ellas y además están realizadas por ordenador y se nota, mucho, pero mucho. Creo que habría sido mucho mejor contratar a algún super mago para hacer ilusionismo real, lo cual habría contribuido bastante a poder vivir la historia en lugar de sufrirla.
NOTA: 3

Por cierto, si existía algo que me reventaba realmente de las películas de los ochenta y parte de los noventa eran las escenas de cama. La típica escena de uno o dos minutos de dedos entrelazados, sábanas de seda, tetas sugeridas entre sombras y caras de éxtasis. Aburridísimas. Quien quiera ver tetas que compre porno o se busque novia; yo quiero ver tiros, monstruos, o lo que toque en cada caso. No sé si debido a la facilidad con la que actualmente podemos buscar y ver tetas en la intimidad de nuestro hogar con nuestro ordenador, el caso es que los últimos años esas escenas escaseaban, con gran alivio por mi parte, que no tenía que ver como rompían el ritmo de una película. Pero me temo que se han vuelto a poner de moda: la película que nos ocupa, Corrupción en Miami, y alguna más de las películas que he visto en los últimos meses contienen esas patéticas escenas. Por favor, hagan patente su odio si lo comparten.
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