23.9.09

Los horrores del photoshop


Hace unas semanas la blogocosa se echó las manos a la cabeza tras ver una manipulación fotográfica que fundía en una dos instantáneas de ZP intentando convencerse a sí mismo que es socialista. Un truquillo que sólo podemos considerar deformante de la realidad si creemos que la realidad es lo primero que nos pasa por el ojo, así, a lo crudo.
Ahora, en Francia se amenaza con obligar a la prensa a anunciar que una foto no es tal cual se hizo, sino que ha sido modificada para alisar una arruga o modificar un michelín. Las famosas fotos de Sarkozy y su grasa desaparecida se ponen como ejemplo.
Al no considerar muy importantes -periodísticamente hablando- los michelines de Sarko, realmente me importa poco esta polémica.
Pero cabe preguntarse sobre la necesidad de todo esto. Sarkozy sin su michelín parece un ser humano, pero no lo parece Eva Longoria en cualquiera de sus últimos anuncios. Y desde luego, si yo fuese mujer, lo último que querría es parecerme a un maniquí que brilla en la oscuridad y sin la más mínima imperfección. La tarea de la publicidad es engañar, seducir, pero desde luego que no hay quien se crea esos cuerpos, y no hay quien se deje seducir por una imagen que a base de capas y capas resulta menos sensual -y real- que una heroína en una viñeta.
No hemos de preguntarnos por qué las empresas hacen esas cosas, sino maravillarnos ante aquellos que disfrutan de un mundo en dos dimensiones, sin arrugas, sin sudor, sin carne. Qué aburrimiento.
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