18.1.07

The Prestige: o como un engaño descubierto puede estropear una buena película


Christopher Nolan siempre juega con el espectador. Como Shamalayan trata siempre de terminar sus historias con un golpe de efecto, y a veces le sale bien. El problema es que, cuando te acostumbras, tienes cierta tendencia a considerar sus películas como un reto: averiguar qué es lo que te está ocultando antes de que se muestre explicitamente. Es un sano ejercicio intelectual si se ejerce con mesura y no te distrae de los demás tesoros que esconden sus películas, tesoros que no encontramos en tal medida en las películas del director de El sexto sentido. Pero el problema es que los trucos en The Prestige son relativamente fáciles de descubrir, y una vez que se ha llegado a la solución, la película pierde parcialmente el interés. Y digo parcialmente porque es difícil dejar de fascinarse con esta película. No existe el bien y el mal en un sentido absoluto: ambos son estados de conciencia que dependen del momento anímico, de la moderación y las pasiones, de la obsesión y la rivalidad. Aquí lo que cuenta no es llegar a ver cual de los dos protagonistas es mejor mago, sino de entender que la magia no es sino una excusa para escarbar con un afilado bisturí en la naturaleza humana. Y en ese sentido la película de Nolan es perfecta. Mantener una película con suspense y sin villano, o con dos villanos -según se mire-, o donde los papeles van cambiando constantemente según las circunstancias, requiere un buen hacer que ya quisieran para sí grandes directores venidos a menos. Sí, hablo de Scorsese. En los momentos finales la aparición de elementos fantásticos chirría demasiado, pero esos elementos son utilizados para generar la última pulsión dramática en uno de los protagonistas que le lleva a transformarse en una especide de Fausto hiperbólico. Cuando la vean, si la ven, lo comprenderán.
Jackman y Bale realizan los papeles de sus vidas, más aún cuando no esperábamos demasiado del primero y dudábamos de la capacidad para elegir papeles del segundo. Scarlett Johansson, por muy bella que sea cada vez es peor actriz. Su gran papel en Lost in translation no ha podido ser superado, y en cada nueva película es peor. Mención especial para Michael Caine, que siempre me pareció un tipo con mucho carisma y un pésimo actor, pero que cuando es bien dirigido resulta el mejor actor del mundo. Sucede así en esta película, con un personaje que hace de la prudencia virtud, así como sucedió en Hijos de los Hombres, en La Huella y poco más.
Si no han visto esta película vayan a verla. El Ilusionista sigue en pantalla, veremos si The prestige dura tanto. Ante dos películas de temática similar, una un bodrio y otra casi una maravilla, me temo que los espectadores se irán a lo fácil, al simulacro de cartón piedra en la que no aparece ningún ser humano digno de llamarse así.
Publicar un comentario